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Cuando el Sol Desaparece: El Impacto Sorprendente de los Eclipses en el Reino Animal

Redacción Que Onda Salta 12 Jul, 2026 - 10:35 hs.
En poco más de un mes, la Península Ibérica se prepara para ser el epicentro de uno de los espectáculos celestiales más cautivadores: un eclipse solar total. Durante unos pocos minutos en la tarde del 12 de agosto, alrededor de las 20:30, la Luna se interpondrá majestuosamente entre la Tierra y el Sol, sumiendo vastas regiones en una penumbra inesperada. Este fenómeno no solo transformará el paisaje con una caída brusca de la temperatura, cambios en el viento y un aumento repentino de la humedad, sino que, de manera aún más profunda, generará una confusión masiva en el reino animal. Mientras los humanos nos alistamos con gafas protectoras y mapas de trayectoria, la fauna, guiada por una conexión ancestral con la naturaleza, se enfrentará a una interrupción radical de su orden biológico.

Para los animales, desprovistos de relojes artificiales y calendarios, la desaparición repentina del astro rey quiebra la sincronía de sus ritmos circadianos, aquellos que rigen estrictamente sus ciclos de sueño, vigilia y alimentación. Esta ruptura biológica desencadena respuestas inmediatas que van desde la preparación para el descanso nocturno hasta un desconcierto generalizado y claras manifestaciones de estrés o profunda ansiedad. Las primeras observaciones documentadas de estas reacciones se remontan a 1837, cuando el entomólogo George Newport registró cómo las abejas suspendían su actividad y regresaban apresuradamente a sus colmenas ante la inminente oscuridad. La explicación es sencilla: la drástica caída de la intensidad lumínica les indica, erróneamente, que el día ha terminado, un comportamiento que se hace evidente incluso desde las fases parciales del eclipse.

Un siglo después, en 1932, el naturalista William Morton Wheeler coordinó un estudio pionero durante un eclipse solar total en Nueva Inglaterra, compilando cientos de reportes de ciudadanos, guardabosques y científicos. Sus hallazgos revelaron una división fascinante en la respuesta de los insectos: las especies diurnas, como hormigas y mariposas, buscaban refugio, mientras que las nocturnas, como grillos y polillas, se activaban repentinamente. Este "enmascaramiento" —un estímulo ambiental drástico que bloquea el comportamiento diurno habitual— fue reafirmado en el eclipse de 1991, cuando expertos de la Universidad de Cincinnati observaron en México cómo las arañas coloniales desmantelaban sus telas durante la totalidad, una conducta típica del anochecer, para luego reconstruirlas velozmente al reaparecer el sol. Esto subraya cómo el reloj interno de los animales sigue funcionando correctamente, aunque su comportamiento externo se adapte a la luz y oscuridad inmediatas.

Las aves también exhiben patrones conductuales intrigantes. Registros que datan de 1544 y 1560 ya describían cómo "caían del cielo y dejaban de cantar" durante los eclipses. Si bien estudios posteriores, como el del Laboratorio de Ornitología de Cornell en 1963, confirmaron una disminución en el canto pero no un cese total, la tendencia es clara. Aves diurnas como pelícanos, garzas y vencejos interrumpen su alimentación para regresar a sus dormideros nocturnos, mientras que las especies nocturnas, como el martinete común, reaccionan de forma opuesta, iniciando su actividad. Curiosamente, en 2024, David Mann detalló que la tasa de vocalización disminuye drásticamente con más del 99% de oscurecimiento. Los anfibios, por su parte, ofrecen comportamientos aún más insólitos; en 2016, sapos terrestres se ocultaron, pero una rana de coro nocturna emitió cantos de apareamiento. Similarmente, en el zoológico de Riverbanks en 2017, tortugas de Galápagos aceleraron su paso para agruparse y aparearse activamente, mientras que un dragón de Komodo corrió erráticamente hacia su guarida nocturna.

Entre los mamíferos, cuya cercanía con los humanos a veces añade una capa de complejidad, las reacciones son igualmente notables. Ya en 1932, Wheeler notó cómo ovejas y vacas interrumpían su pastoreo para regresar a los establos, mientras que los murciélagos abandonaban sus refugios antes de tiempo. Durante el eclipse de 2016 en Indonesia, un grupo de macacos de Heck interrumpió su alimentación. Los machos adultos emitieron vocalizaciones de alerta, y el grupo formó un círculo defensivo inmóvil y en silencio, una clara señal de protección colectiva. Sin embargo, un giro inesperado surgió en estudios posteriores de 2017 en el zoológico de Riverbanks: si bien gorilas, jirafas y babuinos mostraron pánico y angustia, investigaciones más recientes sugieren que esta ansiedad no se debe al eclipse en sí, sino a la ruidosa y en ocasiones eufórica reacción de los propios seres humanos. Esto nos invita a reflexionar sobre la profunda interconexión de la vida en la Tierra y cómo, incluso en los fenómenos celestiales más grandiosos, nuestra presencia puede reverberar de formas insospechadas en el comportamiento de la fauna.

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