Cultura

Yamila Bêgné: Cuando la Astronomía y el Dolor Crean una Novela Inolvidable

Redacción Que Onda Salta 07 Nov, 2026 - 20:21 hs.
En el vasto universo literario, pocas obras logran conjugar la furia de un corazón herido con la inmensidad del cosmos de manera tan magnética y profunda como “La música de las esferas”, la más reciente novela de la aclamada autora argentina Yamila Bêgné. La obra nos sumerge en la odisea nocturna de Jazmín, una protagonista insomne y acuciada por una herida de diez años, quien decide recorrer las calles de Buenos Aires durante la noche más larga del solsticio de invierno. Su misión, tan personal como existencial, es recuperar aquello que, a su sentir, le fue arrebatado en una relación amorosa que la dejó en un prolongado duelo y con una ira latente, todo ello mientras su mente repite un mantra que es conjuro y memoria: “Eris, Disnomia”.

La novela, publicada por Omnívora, no solo retrata un raid físico por la ciudad, sino un viaje emocional cargado de tristeza, angustia y una desesperada búsqueda de justicia. La trama resuena con la intensidad de historias cinematográficas como “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”, explorando la cruda realidad de un amor que termina y la necesidad imperiosa de borrar memorias para sobrevivir al dolor. Sin embargo, Bêgné añade una capa distintiva al fusionar la intimidad del desgarro personal con la frialdad aparente de la astronomía. Eris, el planeta enano, y su luna Disnomia, nombres que remiten a la discordia y el caos en la mitología griega, así como a la incapacidad de nombrar, se convierten en el tercer elemento en discordia, un catalizador que dota de verosimilitud a un duelo tan prolongado y a la sensación de una “sustracción” que va más allá de lo meramente afectivo, adentrándose en el plano de lo intelectual y lo pasional.

En un reciente diálogo, Yamila Bêgné desveló los hilos que tejen esta compleja narrativa. Su obsesión personal con Eris y Disnomia, previa incluso a la concepción de la novela, fue el germen de una historia que tomó forma con la irrupción de una primera persona “enfurecida pero con una energía adorable”. La autora explica cómo la decisión de comprimir una década de dolor en una única noche de búsqueda no es casual; este tiempo limitado se convierte en el crisol donde la furia de Jazmín, lejos de ser puramente destructiva, se transmuta en un impulso de reconstrucción. Bêgné, además, abre el juego a la interpretación del lector, manteniendo una deliciosa ambigüedad sobre la justificación de la búsqueda de Jazmín, una “locura” que, como se comparó en la conversación, evoca la atemporalidad y la fatalidad de la tragedia griega clásica.

Profundizando en los temas, la novela también aborda las tensiones del mundo académico y la delicada “propiedad” de las ideas dentro de una pareja. Bêgné explora cómo los “bienes afectivos y de saber” pueden ser igualmente sustraídos, dejando a una de las partes con la amarga sensación de que su “éxito” fue construido sobre lo que antes fue “nuestro”. Es en este contexto que la autora no duda en reconocer el marcado carácter feminista de su obra. Aunque no fue una intención ideológica al momento de la escritura, la novela resuena con las luchas estructurales que las mujeres enfrentan para alcanzar lugares de relevancia en cualquier ámbito del saber. La historia de Jazmín, que le roba tiempo y esfuerzo, es un eco de esa realidad, un grito que, a través de la ficción, denuncia lo que se nos sustrae y subraya que la dificultad no es una coyuntura, sino una estructura que sigue vigente.

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