Salta
Salta ante un dilema ancestral: El futuro de la exhibición de los Niños del Llullaillaco en el MAAM
La provincia de Salta se encuentra, una vez más, en la antesala de un profundo debate que interpela directamente la forma en que se preserva y expone nuestro patrimonio histórico y cultural. En el centro de esta discusión se ubican los Niños del Llullaillaco, las momias incas que cautivan y a la vez generan controversia en el Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM). La directora de la institución, Claudia Macoritto, ha encendido las alarmas al advertir que los crecientes reclamos de restitución por parte de las comunidades originarias y la evolución de los criterios museológicos a nivel global podrían reactivar una conversación que lleva años resonando en la sociedad salteña.
No se trata de un planteo novedoso; el eco de esta discusión se remonta a varios años atrás. En este sentido, es fundamental recordar la existencia de la Ley Nacional 25.517, sancionada en 2001, la cual establece un marco legal claro: los restos mortales indígenas que integran colecciones o museos deben ser puestos a disposición de las comunidades o pueblos a los que pertenecen, si así lo reclaman. Este antecedente normativo se ve reforzado por una resolución del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) de 2022, que declaró al majestuoso volcán Llullaillaco como Sitio Sagrado de los pueblos originarios. Si bien esta declaración no dispuso la restitución de los cuerpos, sí dejó en evidencia las reiteradas solicitudes de diversas comunidades para proteger el lugar de origen y, consecuentemente, la devolución de La Niña del Rayo, La Doncella y El Niño.
Actualmente, la rutina en el MAAM no se ha alterado: el museo mantiene su innovador sistema de exhibición rotativa, una medida implementada con el estricto propósito de asegurar la óptima conservación de los delicados cuerpos. En estos momentos, es La Niña del Rayo quien se presenta ante el público, ofreciendo una ventana única a la historia ancestral. Sin embargo, más allá de la operatividad museística, la reflexión que impulsa Macoritto se inscribe en una transformación más amplia que atraviesan los museos a escala mundial. Según la directora, las instituciones contemporáneas buscan trascender la mera exposición de piezas en vitrinas, aspirando a construir relatos mucho más complejos que integren el contexto histórico, patrimonial y, sobre todo, social de cada hallazgo.
Este cambio de paradigma abre un abanico de dimensiones que deben ser cuidadosamente ponderadas. Por un lado, se encuentra la imperiosa necesidad de la preservación científica, que busca garantizar la investigación y el conocimiento que estos hallazgos milenarios pueden aportar a la humanidad. Por otro lado, emerge con fuerza el valor arqueológico intrínseco de cada una de las ofrendas del Llullaillaco. Y, en un tercer plano, de vital importancia y creciente reconocimiento, se posicionan los derechos y los legítimos reclamos de las comunidades originarias, quienes ven en estos cuerpos no solo objetos de estudio, sino ancestros y parte integral de su cosmovisión y espiritualidad.
Así, mientras los Niños del Llullaillaco continúan siendo el epicentro de una de las exhibiciones más emblemáticas de la región, el debate sobre su permanencia en el espacio público salteño resurge con una intensidad renovada. La sociedad de Salta y el ámbito cultural argentino se encuentran ante la desafiante tarea de encontrar un equilibrio entre el rigor científico, la accesibilidad al patrimonio y el profundo respeto por las tradiciones y derechos de los pueblos originarios. Es un diálogo necesario, complejo y de enorme trascendencia para el futuro de la gestión del patrimonio cultural en nuestra provincia.
No se trata de un planteo novedoso; el eco de esta discusión se remonta a varios años atrás. En este sentido, es fundamental recordar la existencia de la Ley Nacional 25.517, sancionada en 2001, la cual establece un marco legal claro: los restos mortales indígenas que integran colecciones o museos deben ser puestos a disposición de las comunidades o pueblos a los que pertenecen, si así lo reclaman. Este antecedente normativo se ve reforzado por una resolución del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) de 2022, que declaró al majestuoso volcán Llullaillaco como Sitio Sagrado de los pueblos originarios. Si bien esta declaración no dispuso la restitución de los cuerpos, sí dejó en evidencia las reiteradas solicitudes de diversas comunidades para proteger el lugar de origen y, consecuentemente, la devolución de La Niña del Rayo, La Doncella y El Niño.
Actualmente, la rutina en el MAAM no se ha alterado: el museo mantiene su innovador sistema de exhibición rotativa, una medida implementada con el estricto propósito de asegurar la óptima conservación de los delicados cuerpos. En estos momentos, es La Niña del Rayo quien se presenta ante el público, ofreciendo una ventana única a la historia ancestral. Sin embargo, más allá de la operatividad museística, la reflexión que impulsa Macoritto se inscribe en una transformación más amplia que atraviesan los museos a escala mundial. Según la directora, las instituciones contemporáneas buscan trascender la mera exposición de piezas en vitrinas, aspirando a construir relatos mucho más complejos que integren el contexto histórico, patrimonial y, sobre todo, social de cada hallazgo.
Este cambio de paradigma abre un abanico de dimensiones que deben ser cuidadosamente ponderadas. Por un lado, se encuentra la imperiosa necesidad de la preservación científica, que busca garantizar la investigación y el conocimiento que estos hallazgos milenarios pueden aportar a la humanidad. Por otro lado, emerge con fuerza el valor arqueológico intrínseco de cada una de las ofrendas del Llullaillaco. Y, en un tercer plano, de vital importancia y creciente reconocimiento, se posicionan los derechos y los legítimos reclamos de las comunidades originarias, quienes ven en estos cuerpos no solo objetos de estudio, sino ancestros y parte integral de su cosmovisión y espiritualidad.
Así, mientras los Niños del Llullaillaco continúan siendo el epicentro de una de las exhibiciones más emblemáticas de la región, el debate sobre su permanencia en el espacio público salteño resurge con una intensidad renovada. La sociedad de Salta y el ámbito cultural argentino se encuentran ante la desafiante tarea de encontrar un equilibrio entre el rigor científico, la accesibilidad al patrimonio y el profundo respeto por las tradiciones y derechos de los pueblos originarios. Es un diálogo necesario, complejo y de enorme trascendencia para el futuro de la gestión del patrimonio cultural en nuestra provincia.
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