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Ingeniería Natural: El Fascinante Arte de los Pulpos para Deformar su Cuerpo y Vencer Obstáculos

Redacción Que Onda Salta 07 Nov, 2026 - 18:25 hs.
Desde las profundidades oceánicas, los pulpos nos sorprenden una vez más con sus prodigiosas capacidades. Un equipo de científicos de alcance global ha logrado desentrañar el misterio de cómo estos fascinantes cefalópodos consiguen atravesar aperturas considerablemente más pequeñas que su propio cuerpo, un hallazgo que redefine nuestra comprensión de su locomoción y promete revolucionar el diseño de la robótica blanda del futuro. Publicado en la prestigiosa revista Journal of Experimental Biology, el estudio revela que no es solo una cuestión de flexibilidad, sino de una adaptación estratégica en sus movimientos.

Hasta la fecha, la asombrosa habilidad de los pulpos para deformar sus cuerpos era un hecho conocido, pero la secuencia precisa de movimientos que les permitía sortear aberturas de un diámetro inferior al de su manto permanecía en la nebulosa del conocimiento. La investigación, liderada por Wenci Xin de la Universidad Nacional de Singapur, en colaboración con expertos de la Universidad de Nápoles Federico II y del renombrado acuario Haus des Meeres-Aqua Terra Zoo de Austria, se centró en ejemplares jóvenes de Octopus vulgaris y Octopus maya. Para ello, los investigadores tomaron como referencia la distancia entre los ojos de los pulpos, una medida crucial que aproxima el tamaño de la estructura cartilaginosa que protege su sistema nervioso central, la parte menos deformable de estos enigmáticos animales.

El ingenioso diseño experimental consistió en cajas individuales de acrílico con dos tipos de salidas: algunas con un ancho apenas superior a la distancia interocular de los pulpos y otras cinco milímetros más estrechas. Cada intento de escape fue meticulosamente grabado en video, permitiendo una reconstrucción minuciosa de cada movimiento y la identificación de las distintas tácticas empleadas. Los resultados fueron reveladores: los pulpos comunes, o Octopus vulgaris, no aplican una única maniobra estática; por el contrario, demuestran una impresionante capacidad de ajuste, modificando su secuencia de acciones en función de si el pasaje representaba un obstáculo mayor para su cabeza y manto. Como bien explicó Xin, “los pulpos pueden cambiar la forma de su cuerpo para pasar por agujeros diminutos, casi como el agua que fluye por una abertura”, una plasticidad que desafía la noción de que el tamaño externo determine sus límites.

Frente a una abertura relativamente amplia, la estrategia de los pulpos era metódica. Primero, inspeccionaban la salida con sus brazos, introduciendo uno –frecuentemente uno de los dos brazos delanteros izquierdos– para luego pasar hasta cinco por el mismo espacio. La fase siguiente era crítica: dos brazos que ya se encontraban al otro lado de la pared se extendían hacia atrás, fijaban sus ventosas en la superficie y se endurecían temporalmente, actuando como puntos de anclaje. Con este firme apoyo, los pulpos empujaban contra la separación y tiraban del resto de sus brazos, cabeza y manto, un proceso que podía durar alrededor de 20 segundos. Sin embargo, cuando el agujero era más estrecho, la maniobra se alteraba drásticamente. En estos casos, el pulpo común no lograba introducir la misma cantidad de brazos antes de intentar pasar su parte central. La solución era separar el cruce en dos momentos distintos: primero trasladaban los brazos restantes a través del hueco y, solo después, comprimían parcialmente el manto para arrastrarlo por la abertura, demostrando una eficiencia y adaptabilidad sorprendentes.

Curiosamente, el comportamiento del Octopus maya difirió significativamente. Esta especie, conocida también como pulpo de dos manchas, no intentó superar las aberturas más angostas, prefiriendo permanecer en una esquina de la caja sin siquiera explorarlas. Cuando se les presentaban dos alternativas, una angosta y otra más grande, primero inspeccionaban la menor, pero invariablemente optaban por la vía más amplia. Esta disparidad sugiere que la capacidad de atravesar espacios reducidos no es meramente una cuestión anatómica, sino que está intrínsecamente ligada a la conducta y a la evaluación cognitiva que cada especie realiza de sus vías de escape. Estas observaciones, como señalan Xin y Cecilia Laschi de la Universidad Nacional de Singapur, abren un camino prometedor para el desarrollo de robots de cuerpo blando, capaces de sortear escombros en tareas de rescate o explorar rincones submarinos, superando las limitaciones de los diseños actuales que sacrifican volumen por capacidad de maniobra, y vislumbrando un futuro donde la robótica imita la maestría natural de estos invertebrados.

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