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El Misterio del Ocre: Hallan Rastros de Antílope que Transforman Nuestra Visión de la Prehistoria

Redacción Que Onda Salta 07 Nov, 2026 - 18:25 hs.
Desde tiempos inmemoriales, el uso de pigmentos minerales rojos en el sur de África ha sido considerado un pilar fundamental en las primeras manifestaciones del pensamiento abstracto y la inventiva de nuestros ancestros. Los restos de ocre, esa tierra arcillosa rica en óxidos de hierro, pulverizada para diversas funciones, han suscitado profundas interrogantes sobre las tareas cotidianas y el ingenio de las comunidades cazadoras recolectoras de la Edad de Piedra. Sin embargo, un reciente descubrimiento está a punto de reescribir una parte crucial de esta historia, arrojando luz sobre las complejas interacciones entre los primeros humanos y su entorno.

Durante décadas, desentrañar la composición precisa de las mezclas que contenían estas tierras era un desafío casi insuperable para la arqueología. Los climas cálidos del territorio africano actúan como un potente degradador de material genético antiguo, impidiendo a los investigadores acceder a testimonios directos sobre los componentes orgánicos que acompañaban al polvo rojizo. Esta destrucción natural impedía confirmar si los grupos humanos combinaban el ocre con sustancias de origen animal para, por ejemplo, fijar pinturas, confeccionar adhesivos o ablandar cueros; una incógnita central sobre la humanidad ancestral que permanecía sin respuesta, hasta ahora.

La revelación ha surgido gracias a la paleoproteómica, una disciplina de vanguardia dedicada al estudio de proteínas antiguas conservadas en fósiles y sedimentos arqueológicos. Mediante esta innovadora técnica, un estudio publicado en la prestigiosa revista Proceedings of the Royal Society B ha logrado identificar por primera vez proteínas de colágeno de un antílope en sedimentos de ocre de la Edad de Piedra Media en Sudáfrica. El trabajo, liderado por un equipo internacional de la Universidad de Kyushu, la Universidad de Bergen y la Universidad de Copenhague, confirmó que estratos de sesenta mil años de antigüedad resguardan rastros biológicos del eland común, proporcionando una prueba molecular sin precedentes sobre el uso deliberado de fauna junto con pigmentos minerales.

Los investigadores concentraron sus esfuerzos en el refugio arqueológico de Klipdrift, un abrigo rocoso en los acantilados de la Reserva Natural De Hoop, Sudáfrica. En este paraje, los estratos vinculados a la cultura Howiesons Poort –una etapa de la Edad de Piedra Media célebre por sus avances en el tallado de cuchillos y puntas– conservan un suelo continuo teñido de un intenso color bermejo. Los análisis, que incluyeron muestras recolectadas entre 2011 y 2013, identificaron colágeno tipo I, la proteína más abundante en la piel, los tendones y los tejidos conectivos de los mamíferos, y los resultados coincidieron de manera concluyente con las secuencias del eland común, un herbívoro de gran tamaño fundamental en los ecosistemas de la zona. Esta estrategia metodológica demuestra la viabilidad de rescatar biomoléculas intactas directamente de la tierra, transformando los sedimentos en valiosos testimonios históricos.

Este hallazgo no solo proporciona explicaciones concretas sobre los métodos de trabajo de los cazadores de la Edad de Piedra Media, sugiriendo la mezcla deliberada de proteínas de antílope con polvo de ocre para fabricar pegamentos o curtir pieles protectoras. También adquiere un profundo sentido cultural. El eland común, tanto en el registro arqueológico como en las tradiciones etnográficas sudafricanas, era mucho más que una simple presa; representaba un animal ligado a relatos cosmogónicos y ceremonias comunitarias. La unión del pigmento rojo con partes orgánicas de este animal sugiere que las poblaciones primitivas no solo resolvían necesidades prácticas inmediatas, sino que entrelazaban sus innovaciones técnicas con una rica concepción espiritual del entorno natural, abriendo una ventana prometedora para la investigación de la evolución humana en regiones de clima desfavorable y revelando facetas de la vida cotidiana ancestral que permanecían ocultas a la mirada de la arqueología clásica.

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