Política
Terremoto Interno: Bullrich en la Mira por Cruces con Facciones del Gobierno
Un creciente malestar se percibe en los pasillos de la Casa Rosada y el Congreso, donde la figura de Patricia Bullrich se ha convertido en el epicentro de profundas diferencias y acusaciones cruzadas dentro de la coalición gobernante. La senadora y ministra de Seguridad, visiblemente distanciada de ciertas líneas internas, ha manifestado su cansancio ante lo que considera un gobierno más enfocado en disputas intestinas que en la gestión de cara al futuro, una postura que no ha tardado en generar réplicas. En este escenario, un sector influyente, vinculado directamente con Santiago Caputo, ha comenzado a desmarcarse abiertamente de las posiciones de Bullrich, marcando un quiebre significativo en lo que hasta ahora parecía una alianza sólida.
El punto de discordia más reciente giró en torno al dictamen del proyecto sobre Malvinas, específicamente la integración del Consejo de Seguridad Nacional. Los allegados a Caputo sostienen la firme convicción de que Bullrich influyó para incluir al Ministerio de Seguridad en dicho organismo, una movida que colisiona frontalmente con la visión de Santiago Caputo, quien anhelaba un consejo integrado exclusivamente por el área de Inteligencia. Esta postura fue incluso explicitada por él en sus redes sociales. Aunque en un principio también se sospechó del interés de Martín Menem en sumar legisladores –algo que fue tajantemente negado por la Cámara Baja y no se concretó–, la inclusión de Seguridad quedó bajo el manto de la polémica.
Sin embargo, el enojo con la ministra venía gestándose desde otro frente: su reconocimiento explícito de la victoria de Lula da Silva en Brasil. Esta declaración contrastó marcadamente con el silencio absoluto de Javier Milei y su cancillería, una omisión que, para el sector autodenominado “Las Fuerzas del Cielo”, fue interpretada como una afrenta política directa. La tensión escaló con un contundente mensaje en redes sociales del legislador bonaerense Agustín Romo, afín al ala de Santiago Caputo, quien escribió: “Este es un gobierno de derecha. No de centro ni de centro derecha. Las tibiezas déjenlas en sus casas. Córranse que la libertad avanza”. El mensaje, si bien no explícito, fue universalmente interpretado como un dardo dirigido a la senadora, según confirmaron fuentes oficiales.
Desde el entorno de Bullrich, se defienden, argumentando que la modificación en la integración del Consejo no fue producto de su “culpa” y que las críticas buscan, en realidad, “defender” a Caputo en otras agendas. A su vez, minimizan la beligerancia del sector crítico, calificando sus movimientos de “ridículos” y tildando a sus promotores de “007”. Insisten en que la presencia de la cartera de Seguridad en el Consejo buscaba dotar de “legalidad” al organismo, un argumento que fue rápidamente desestimado por los defensores del proyecto original, quienes citan modelos internacionales donde la estrategia prima sobre la operatividad menor.
En medio de este fuego cruzado, la facción que responde a Karina Milei mantiene una estrategia de silencio y desgaste. Mientras que para este sector la postura de Bullrich respecto a Brasil fue “correcta”, desestiman el resto de los desmarques de la senadora como “más de lo mismo”, asegurando que “pierde efecto” político con la repetición. Esta indiferencia estratégica, lejos de apaciguar, es leída en el círculo de Bullrich como otra forma de desgaste. Así, la ministra se encuentra en una encrucijada, bajo el escrutinio de “Las Fuerzas del Cielo” y la fría distancia del karinismo, cada nueva diferencia en temas como Malvinas o política exterior se convierte en un termómetro de la ebullición interna que sacude al gobierno.
El punto de discordia más reciente giró en torno al dictamen del proyecto sobre Malvinas, específicamente la integración del Consejo de Seguridad Nacional. Los allegados a Caputo sostienen la firme convicción de que Bullrich influyó para incluir al Ministerio de Seguridad en dicho organismo, una movida que colisiona frontalmente con la visión de Santiago Caputo, quien anhelaba un consejo integrado exclusivamente por el área de Inteligencia. Esta postura fue incluso explicitada por él en sus redes sociales. Aunque en un principio también se sospechó del interés de Martín Menem en sumar legisladores –algo que fue tajantemente negado por la Cámara Baja y no se concretó–, la inclusión de Seguridad quedó bajo el manto de la polémica.
Sin embargo, el enojo con la ministra venía gestándose desde otro frente: su reconocimiento explícito de la victoria de Lula da Silva en Brasil. Esta declaración contrastó marcadamente con el silencio absoluto de Javier Milei y su cancillería, una omisión que, para el sector autodenominado “Las Fuerzas del Cielo”, fue interpretada como una afrenta política directa. La tensión escaló con un contundente mensaje en redes sociales del legislador bonaerense Agustín Romo, afín al ala de Santiago Caputo, quien escribió: “Este es un gobierno de derecha. No de centro ni de centro derecha. Las tibiezas déjenlas en sus casas. Córranse que la libertad avanza”. El mensaje, si bien no explícito, fue universalmente interpretado como un dardo dirigido a la senadora, según confirmaron fuentes oficiales.
Desde el entorno de Bullrich, se defienden, argumentando que la modificación en la integración del Consejo no fue producto de su “culpa” y que las críticas buscan, en realidad, “defender” a Caputo en otras agendas. A su vez, minimizan la beligerancia del sector crítico, calificando sus movimientos de “ridículos” y tildando a sus promotores de “007”. Insisten en que la presencia de la cartera de Seguridad en el Consejo buscaba dotar de “legalidad” al organismo, un argumento que fue rápidamente desestimado por los defensores del proyecto original, quienes citan modelos internacionales donde la estrategia prima sobre la operatividad menor.
En medio de este fuego cruzado, la facción que responde a Karina Milei mantiene una estrategia de silencio y desgaste. Mientras que para este sector la postura de Bullrich respecto a Brasil fue “correcta”, desestiman el resto de los desmarques de la senadora como “más de lo mismo”, asegurando que “pierde efecto” político con la repetición. Esta indiferencia estratégica, lejos de apaciguar, es leída en el círculo de Bullrich como otra forma de desgaste. Así, la ministra se encuentra en una encrucijada, bajo el escrutinio de “Las Fuerzas del Cielo” y la fría distancia del karinismo, cada nueva diferencia en temas como Malvinas o política exterior se convierte en un termómetro de la ebullición interna que sacude al gobierno.
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