Cultura
Un Siglo de Don Segundo Sombra: Areco Redefine la Tradición Gauchesca en un Homenaje Audaz
A un siglo de su publicación, la inmortal obra de Ricardo Güiraldes, “Don Segundo Sombra”, continúa resonando con una vigencia sorprendente. Este legado literario fue el epicentro de una profunda reflexión en San Antonio de Areco, provincia de Buenos Aires, donde la Academia Argentina de Letras se congregó para conmemorar el centenario de esta novela fundamental. El viaje hacia este emblemático pago, con su "vértigo horizontal" que Borges tan bien describiera, es en sí mismo un preludio a la inmersión en el universo gaucho que Güiraldes inmortalizó.
La emoción se palpaba entre los académicos al llegar al Puente Viejo, punto de partida de la narrativa de Güiraldes. Rafael Oteriño, presidente de la Academia Argentina de Letras, confesó su vínculo personal con la figura del escritor, revelando la admiración que sentía desde la adolescencia. En el Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes, rodeados de ponchos y espuelas, la comitiva, junto a medio centenar de arequeros, el intendente Francisco Ratto y el director del museo Patricio Santos Ortega, se sumergió en un debate trascendental sobre la esencia de la obra y la naturaleza de la tradición. Oteriño, con frases como “Y el sueño cayó sobre mí como una parva sobre un chingolo”, subrayó la persistencia de una ética criolla que nos enorgullece y nos convoca a custodiar su memoria.
No obstante, fue Javier González, exdecano de la Facultad de Filosofía y Letras de la UCA, quien introdujo la perspectiva más disruptiva de la jornada con una declaración tajante: “Don Segundo Sombra no es literatura gauchesca”. González argumentó que la literatura gauchesca se limita a poemas del siglo XIX con características específicas de lenguaje y narrativa que no se replican en la novela de Güiraldes. Esta afirmación, vertida en la Capital Nacional de la Tradición, obligó a los presentes a reconsiderar las categorías y a buscar nuevas matrices narrativas para comprender la profundidad de la obra, separándola de clichés y percepciones arraigadas.
En su análisis, González exploró cómo “Don Segundo Sombra” se alinea con la “matriz novelesca”, donde el mundo puede aplastar al héroe. Sin embargo, el triunfo del gaucho reside en un proyecto acotado y prudente: no pretende cambiar el mundo, sino conservar y fructificar los valores de su universo en una persona, Fabio Cáceres. Esta "sabia intuición" de Don Segundo, que acepta la inevitable transformación del entorno, lo distingue de figuras como Don Quijote, que se enfrentó a molinos de viento para preservar un ideal ya inexistente. Aquí, la victoria radica en la transmisión y la adaptación, no en la resistencia vana.
La propuesta más audaz de González se centró en la lección final de Don Segundo: “aprender a desaparecer”. El gaucho, lejos de ser anacrónico, logra que lo viejo viva en lo nuevo a través de Fabio, reconociendo que el futuro no es la negación del pasado. Esta relectura propone que la verdadera tradición no es una "cosa inamovible, pétrea", sino un "cambio permanente adaptativo". Es una dinámica constante que permite que los principios y valores identitarios se actualicen y persistan, no contra lo nuevo, sino en lo nuevo. Al concluir la jornada, entre aplausos y la fragancia de un asado criollo, los asistentes pudieron reflexionar sobre una tradición viva, encarnada incluso en la imagen de un joven gaucho que, a pocos kilómetros del Obelisco, desata su caballo para luego quizás chatear con ChatGPT, demostrando que la identidad y el tiempo no se detienen.
La emoción se palpaba entre los académicos al llegar al Puente Viejo, punto de partida de la narrativa de Güiraldes. Rafael Oteriño, presidente de la Academia Argentina de Letras, confesó su vínculo personal con la figura del escritor, revelando la admiración que sentía desde la adolescencia. En el Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes, rodeados de ponchos y espuelas, la comitiva, junto a medio centenar de arequeros, el intendente Francisco Ratto y el director del museo Patricio Santos Ortega, se sumergió en un debate trascendental sobre la esencia de la obra y la naturaleza de la tradición. Oteriño, con frases como “Y el sueño cayó sobre mí como una parva sobre un chingolo”, subrayó la persistencia de una ética criolla que nos enorgullece y nos convoca a custodiar su memoria.
No obstante, fue Javier González, exdecano de la Facultad de Filosofía y Letras de la UCA, quien introdujo la perspectiva más disruptiva de la jornada con una declaración tajante: “Don Segundo Sombra no es literatura gauchesca”. González argumentó que la literatura gauchesca se limita a poemas del siglo XIX con características específicas de lenguaje y narrativa que no se replican en la novela de Güiraldes. Esta afirmación, vertida en la Capital Nacional de la Tradición, obligó a los presentes a reconsiderar las categorías y a buscar nuevas matrices narrativas para comprender la profundidad de la obra, separándola de clichés y percepciones arraigadas.
En su análisis, González exploró cómo “Don Segundo Sombra” se alinea con la “matriz novelesca”, donde el mundo puede aplastar al héroe. Sin embargo, el triunfo del gaucho reside en un proyecto acotado y prudente: no pretende cambiar el mundo, sino conservar y fructificar los valores de su universo en una persona, Fabio Cáceres. Esta "sabia intuición" de Don Segundo, que acepta la inevitable transformación del entorno, lo distingue de figuras como Don Quijote, que se enfrentó a molinos de viento para preservar un ideal ya inexistente. Aquí, la victoria radica en la transmisión y la adaptación, no en la resistencia vana.
La propuesta más audaz de González se centró en la lección final de Don Segundo: “aprender a desaparecer”. El gaucho, lejos de ser anacrónico, logra que lo viejo viva en lo nuevo a través de Fabio, reconociendo que el futuro no es la negación del pasado. Esta relectura propone que la verdadera tradición no es una "cosa inamovible, pétrea", sino un "cambio permanente adaptativo". Es una dinámica constante que permite que los principios y valores identitarios se actualicen y persistan, no contra lo nuevo, sino en lo nuevo. Al concluir la jornada, entre aplausos y la fragancia de un asado criollo, los asistentes pudieron reflexionar sobre una tradición viva, encarnada incluso en la imagen de un joven gaucho que, a pocos kilómetros del Obelisco, desata su caballo para luego quizás chatear con ChatGPT, demostrando que la identidad y el tiempo no se detienen.
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